Martes, 2017-11-21
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 LA MUJER DEL BOSQUE

 
 
1 Leyenda


-¿Quién eres? Vengo todos lo días, te miro, te hablo, ya te he dicho que te amo y tú no respondes. Desde el día en que me adentré en esta parte del bosque y te vi entre los árboles no he dejado de buscarte... Dime si me amas, si es así lo dejaré todo, te tomaré por esposa, no sé nada de ti, pero no importa lo que hayas o no hecho, te quiero igual.

-¿Y si no te amase? –la mujer estaba sobre una roca, al borde de la cascada. Su vestido blanco ondeaba al viento y sus ojos, enmarcados por sus túpidas y negras pestañas, brillaban como esmeraldas.

Él vaciló un instante antes de responder:

-Moriría de amor, no puedo vivir sin ti.

-José, sé que dicen que quien entra en esta parte del bosque sufre el castigo del espíritu que la habita, sé que tú, más valiente que tus compañeros, te adentraste, demostrándo que eres superior a ellos. Yo te amo, José... - Las mechas de su castaño cabello reflejaban la luna, atrayendo a José que se acercaba lentamente- Ven conmigo, viviremos aquí, en el bosque, apartados del mundanal ruido, tú felicidad será superior a todo lo imaginable, superará tus mayores sueños, te amo, ven conmigo...

Él se acercó. Ella le abrazó. José comenzó a temblar. Se resbaló en la húmeda y lisa superficie de la roca y calló al agua.

La esbelta mujer, con su rostro entre moreno y blanco, miró al agua con expresión melancólica. Siempre que un mortal recibía su castigo recordaba, y era doloroso. Cuando Alfredo, su novio, la traicionó y ella salió corriendo, tropezó y calló por la cascada. Entonces abrió su corazón al mal. El odio la invadió y su espíritu decidió vengarse. Con el encanto que poseen los espíritus le sedució y le arrojó a las aguas. Pero el deseo de venganza creció: ya no le odiaba a él: odiaba a todos los hombres. Se siguió vengando en todo el que pisaba la zona del bosque en la que ella había muerto, tirándose por la cascada. Hacía 500 años de eso, aunque aparentaba los 19 años que por aquel entonces tenía, y nadie se resistía a su encanto. Pero los vecinos se dieron cuenta de que todos los que se adentraban en esa zona del bosque desaparecían una semana después y múltiples leyendas de la cordillera norte hablaban de ese hecho, por lo que cada vez eran menos los que allí se adentraban. Ella era un alma en pena, no podía descansar.


  1. Alguien distinto

-¡El príncipe se casa!- iban pregonando de pueblo en pueblo los mozos y heraldos del castillo.

Uno de ellos, que trabajaba con los caballos, era el encargado de propagar la noticia en los pueblos de la cordillera norte. Era un joven fuerte, de ojos azules y profundos, nariz recta y boca bien formada. Su rebelde pelo castaño le caía sobre la frente en un flequillo que se apartaba hacia un lado. Se llamaba César. Por allí donde pasaba iba dejando una estela de admiradoras, pero él no correspondía a ninguna.

Entre los pueblos de El Nogal y Torrente de Montaña se encontraba el bosque de los sueños, o el bosque maldito, como llamaban al bosque en que habitaba la mujer. La ruta de César pasaba por allí.

Él no conocía la leyenda, por lo que atravesó el bosque, en vez de pasar de largo. Era un hombre sencillo, práctico e inteligente. Sabía que las leyendas estaban basadas en algo, aunque solo fuese que había un oso por el bosque, que era el que hacía desaparecer los hombres, y sabía que contra un oso no tenía ni una oportunidad, por lo que, de haber conocido la leyenda, habría evitado el bosque, pero en el castillo no conocían las leyendas del país.

Así que atravesó el bosque. Vió lo mismo que vieron todos: una ligera silueta de una mujer esbelta deslizarse entre los árboles. Le picó la curiosidad.

Dio la noticia en el pueblo, que era el último de su ruta y se dispuso a volver. A la mañana siguiente cruzó el bosque en dirección contraria y esta vez vio los dos ojos verdes de la mujer. Era una mirada tan intensa que decidió volver a buscarla al día siguiente.

En El Nogal se encontró con un heraldo al que encargó llevar al castillo la noticia de que se quedaría allí, con gran contento de las muchachas de la población, que se pelearon por ofrecerle alojamiento y trabajo. Él compró una casa deshabitada, cuyo dueño, José, había desaparecido en el bosque una semana antes, y no aceptó ningún empleo por el momento, dijo que porque tenía que organizar la casa, pero era porque pensaba buscar a la mujer del bosque, y no quería tener que volver al pueblo a una hora fija.

La casa estaba en buen estado, aunque algo polvorienta. César la limpió y colocó sus pertenencias. Al día siguiente saldría a buscar a la misteriosa mujer.


Mientras, en el bosque la mujer estaba desconcertada. Al mirar a los ojos a ese hombre que había cruzado el bosque había sentido una sensación muy extraña. Una mezcla entre felicidad, melancolía e ilusión, que dolía por su intensidad. Una sensación que no sentía desde hace 500 años, y que incluso entonces había sido mil veces más leve. Él volvería, y entonces ella averiguaría lo que era. Solo sabía que él era especial.


Adios

Llebaban viendose 5 días. Ella había comprendido algo: se había enamorado. Sin embargo sabía que, por haber elegido la venganza hace 500 años, al 7º día tendría que matarle. ¿Cómo evitarlo?

Él también la amaba. Al contrario que el resto de los hombres, no había pronunciado palabra. Ellos se declaraban el primer día, él se limitaba a mirarla con adoración y timidez. Pero esa noche salió de casa dispuesto a decirle la verdad.


Después de que él hablara ella se estremeció. No podía volver a verle, o él estaría condenado. Tenía que decirle la verdad...

- César... Yo no soy humana, etoy muerta desde hace 500 años. Por favor, vete, vete y no vuelvas, o tendré que matarte...

- ¿Me pides que no vuelva a verte? Antes moriría.

- Si no lo haces por ti, hazlo por mí. No quiero tener que hacerte daño...

El lo comprendió, se dio la vuelta, dispuesto a marcharse para siempre, pero recordó algo:

- Espera, al menos, dime como te llamas.

Ella vaciló. Su nombre de espíritu era un secreto que jamás podía desvelar. Pero él... Se decidió.

- Ale Ilkida, significa “luz del viento”.

- Te quiero.

- Y yo a ti. Adios.

Vio como se iba, mirando hacia atrás.

- Ya está. No le volveré a ver... Pero así se salvará.- Pensaba.

Y perdonó a todos los hombres. Olvidó el odio, ese odio que la había obligado a seguir sufriendo tantos años. Ya no entendía qué la había impulsado a sufrir tanto y a hacer tanto daño. Poco a poco su cuerpo se desvaneció en el aire.


Los campesinos del pueblo encontraron el cuerpo de César al día siguiente. Una jauría de lobos le había encontrado en el bosque, cuando volvía al pueblo.

Un grupo de hombres apareció en el bosque, algunos con ropas de hace muchísimo tiempo. Uno de ellos era José. Recordaban su vida, pero de la mujer solo recordaban que era bellísima. Luego se sumieron en la oscuridad durante mucho tiempo. Luego una voz les pidió disculpas y aparecieron allí.





Final

Ella abrió los ojos. Se encontraba en un jardín maravilloso, una luz mágica y sobrenatural parecía bañarlo todo. Las plantas eran más verdes de lo que puede imaginar la mente humana. Las flores parecían tener luz propia, y un aroma dulce y exótico llenaba el ambiente.

Se levantó léntamente del suelo. Allí no había tiempo, no tenía prisa. Miró a su alrededor y sus ojos toparon con otro cuerpo que había en el suelo.

- ¡César!

Él se lebantó y se fundieron en un abrazo. Juntos, se marcharon a explorar el jardín, con sus siluetas recortándose en el luminoso horizonte. Estaban juntos, y ya nada les podría separar.

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